- CIV - Pierdo tu culpa, Amor, pierdo engañado, siguiendo tu esperanza prometida, el más florido tiempo de mi vida, sin nombre, en ciego olvido sepultado. Ya no más; baste haber siempre ocupado el pensamiento y la razón perdida en tu gloria y mi infamia aborrecida; que quien muda la edad troca el cuidado. Yo he visto a los pies puesto un duro hierro, y torcerlo la mano del cautivo, y desatarse de aquel nudo fuerte; mas ¡oh! que ni el desdén ni mi destierro pueden borrar del corazón esquivo lo que nunca podrá gastar la muerte.