- LXXXII - Bello cerco y ondoso, que enlazado en sutil vuelta y varia de ámbar pura tenéis mi preso cuello, que aun procura hallarse más revuelto y anudado; si el vigor de este fuego renovado veo que abrasa ¡oh bien de mi ventura! a aquella que me tiene, ingrata y dura, ausente y de mí todo enajenado, no habrá en el suelo nuestro ni en el cielo hebras lucientes de oro terso tales, no de amor tan hermosa red y llama; ni aun en el cielo habrá, ni habrá en el suelo despojos de cabello ilustre iguales, honor o rica trenza de quien ama.