- CIII - Al mar desierto, en el profundo estrecho, entre las duras rocas, con mi nave desnuda, tras el canto soy suave, que forzado me lleva a mi despecho. Temerario deseo, incauto pecho, a quien rendí de mi poder la llave, al peligro me entregan fiero y grave, sin que pueda apartarme del mal hecho. Veo los huesos blanquear y siento el triste son de la engañada gente y crecer de las ondas el bramido. Huir no puedo ya mi perdimiento, que no me da lugar el mal presente, ni osar me vale en el temor perdido.