- CXVII - Temor me impide, esfuerza la esperanza, y cuanto me entorpece, Alfonso, el hielo, tanto el ardor me alienta y alza el vuelo, y llega do el deseo apena alcanza. Fijo la vista, sin temer mudanza, en la luz bella de mi eterno cielo, y oso traer una centella al suelo, que abrasará con él mi confianza. Si fue con pena inmensa la osadía que robó el fuego a la celeste rueda terror y ejemplo a humano atrevimiento, podré alabarme en la fortuna mía; que aunque mi grande afán al suyo exceda, deseo que no acabe mi tormento.