- LXV - Suave Filomela, que tu llanto descubres al sereno y limpio cielo, si lamentaras tú mi desconsuelo, o si alcanzara yo tu dulce canto, prometer a mi cuita osara tanto, que esperara el dolor algún consuelo, y que tal vez moviera tierno celo los ojos cuya bella lumbre canto. Mas tú con puro acento y armonía tu afrenta, y gimes bárbaros despojos, yo, triste, mayor daño ausente lloro. Quiera Amor que tu voz la pena mía resuene, o que yo alivie mis enojos vuelto en ti, ruiseñor blando y canoro.