- LXIV - El triste afán del corazón doliente, con la memoria de mis males llena, va repitiendo con tu sola arena, sacro rey de las aguas de Occidente. Las ondas acreciento a tu corriente, socorriendo a tu curso con la vena de mis ojos llorosa, y junto suena el suspiro, que esfuerza a la creciente. Al fin gasto el humor, y cesa el viento y exhala el fuego con incendio tanto que de húmido te hace ardiente río. En vano intentas a este encendimiento resistir, pues no pudo el grave llanto quebrantar su rigor, del dolor mío.