- LXXVIII - Eustacio, yo seguí al Amor tirano esperando en su fe, por dolor mío; que al intenso rigor y ardiente estío prometido descanso busqué en vano. Veo, y se me desliza de la mano, la ocasión, y aunque en este invierno frío inundo en luengo llanto el hondo río, siento crecer el mal más inhumano. Vos, a quien Febo dio la dulce lira y la arte gloriosa de Melampo, remediad la pasión de un vuestro amigo; que la poción de aquella que suspira por su cruel belleza el frigio campo, tal vez podrá tener valor conmigo.