- LXXX - Aura mansa y templada de Occidente, que con el tierno soplo y blando frío halagas el ardor del pecho mío, ¿qué espíritu te mueve vehemente? Ni Euro espira ni Austro suena ardiente en el furor más grave del estío, y tú abrasas el verde prado y río cual el suelo africano el sol caliente. Mas ¡ay! tú te encendiste en mi Luz bella, y enemiga del bien de mi ventura, abrasaste las ondas y las flores. Cesa aura, no me enciendas más, que en ella ardo siempre y me abraso en llama pura; ¡ah! no añadas más fuego a mis ardores.