-CXXXIV- Dulces contentos míos ya pasados, que sostuve en error de mi esperanza, lo que vuestro recuerdo más alcanza es dolor de mis días mal gastados; porque, envuelto en deseos y cuidados, me consumo llorando la mudanza, y Amor, que reconoce su venganza, mis daños me descubre renovados. ¿Qué puedo yo si ausente me condeno, sino sólo al olvido y niebla fría esta memoria ingrata rendir muerta? Mas. ¡ay! que tiene el corazón, ajeno de bien, presente siempre la Luz mía, y ofrece en cierto mal su gloria incierta.