- CXI - ¿Adónde está el placer que yo sentía en pensar que de vos era querido? ¿Adónde el bien que tuve me ha huido, cuando más mi esperanza prometía? ¡Cuán presto gustéis ver, Señora mía, deshecho el lazo en vos de amor tejido, aunque a vuestro desgrado más torcido, lo siente mi cerviz en su porfía! Excuse siempre, y recele dudando vuestra altiva exención; mas en mi daño no me pude valer de mi cordura; que Amor os tuvo, y dísteme burlando dulces promesas, arras del engaño, que da fin no debido a mi ventura.