- XIII - Galanio, tú sabrás que esotro día, bien lejos de la choza y el ganado, en pacífico sueño transportado quedé junto a una haya alta y sombría, cuando -¿quién tal pensó?- Flérida mía, traída allí de amigo y cortés hado, llegóse y un abrazo enamorado me dio, cual otro ahora tomaría. No desperté, que el respirado aliento de ella en mi boca entró suave y puro y allá en el alma o del caso aviso, la cual, sin su corpóreo impedimento, por aquel paso en que me vi te juro que el bien casi sintió del Paraíso.