- XLIV - El ímpetu cruel de mi destino ¡cómo me arroja miserablemente de tierra en tierra, de una en otra gente, cerrando a mi quietud siempre el camino! ¡Oh!, si tras tanto mal grave y contino, roto su velo mísero y doliente, el alma con un vuelo diligente volviese a la región de donde vino, iríame por el cielo en compañía del alma de algún caro y dulce amigo, con quien hice común acá mi suerte. ¿Qué gran montón de cosas le diría, cuáles y cuántas, sin tener castigo de fortuna, de amor, de tiempo y muerte!