- XVII - Junto a su Venus, tierna y bella, estaba todo orgulloso Marte, horrible y fiero, cubierto de un templado y fino acero que un claro espejo al sol de sí formaba; y, mientras ella atenta en él notaba sangre y furor, con rostro lastimero, un beso encarecido al gran guerrero fijó en la frente y de él toda colgaba. Del precioso coral tan blando efeto salió que al fiero dios del duro asunto hizo olvidar con nuevo, ardiente celo. ¡Oh, fuerza extraña!, ¡oh, gran poder secreto, que puede un solo beso en solo un punto los dioses aplacar, dar ley al cielo!