- XLII - Mil veces callo que romper deseo el cielo a gritos y otras tantas tiento dar a mi lengua voz y movimiento que en silencio mortal yacer la veo; anda, cual velocísimo correo por dentro el alma, el suelto pensamiento con alto y, de dolor, lloroso acento, casi en sombra de muerte un nuevo Orfeo. No halla la memoria o la esperanza rastro de imagen dulce o deleitable con que la voluntad viva segura; cuanto en mí hallo es maldición que alcanza, muerte que tarda, llanto inconsolable, desdén del cielo, error de la ventura.