- XVI - Juro, Escobar, por aquel lazo eterno, nudo de amor, que entre los dos ha dado tras discreta elección fuerza de hado, en cuya luz la vuestra amo y discierno, que ya que -ya del amoroso infierno el fugitivo pie libre he sacado y en puerto de salud llevó el cuidado áspero temporal de helado invierno-, hecha su redención, vuelve a su gloria el alma, adonde por oficio tiene perpetuar la risa de su llanto, muera Filis, malvada en mi memoria. Mas, ay, triste de mí, ¿de dónde viene nombre tan duro enternecerme tanto?