- VI - Por vuestros ojos juro, Elisa mía -así con larga paz el cielo amigo pueda volver de nuevo a ser testigo de aquel morir, do vida se incluía-, que así cesó del monte el alegría desque cesaste vos de estar conmigo, como va por nocturno y sin abrigo, cuando alto siente, el causador del día. Y yo, por dar más fuerza a mi cuidado, juré de siempre estar con baja frente y a nunca ver mi cara me dispongo; tal que, si alguna vez traigo el ganado para abrevarlo en clara y fresca fuente, los ojos cierro y nuevo curso impongo.