- V - De sus hermosos ojos dulcemente un tierno llanto Filis despedía, que por el rostro amado parecía claro y precioso aljófar transparente. En brazos de Damón, con baja frente, triste, rendida, muerta, helada y fría, estas palabras breves le decía, creciendo a su llorar nueva corriente: «¡Oh, pecho duro!, ¡oh, alma dura y llena de mil durezas!, ¿dónde vas huyendo?, ¿do vas con ala tan ligera y presta». Y él, soltando de llanto amarga vena, de ella las dulces lágrimas bebiendo, la besó... y sólo un ay fue su respuesta.