- XXXIX - ¡Oh, indigno de la vida acá en el suelo!, ¡oh, del propio vivir ciego homicida!, ¿quién al Supremo Autor de toda vida no aspira con vital y ardiente celo? Si vuestra humanidad vive en el cielo, colma de gloria, al verbo eterno unida, como a su esfera en Dios puesta y subida, do no sube el mortal, caduco velo; si los rayos del Sol tiran al alto las nubes y una estrella el duro acero, tocado a piedra imán, llama y aplica; ¿cómo a tu Sol y Dios, Hombre y Cordero, hombre, no vas con presto y fácil salto, pues nuestra en sí natura glorifica?