- VII - Crudas y heladas ondas fugitivas que de mi bien la calidad hurtasteis, cuando el hermoso pie ledas bañasteis, al mayor sol entre mil piedras vivas; así, tan alta suerte, ondas esquivas, como ésta que mi luz visteis y amasteis, nunca os dejé de honrar, pues le abrazasteis, y siempre andéis de tal suceso altivas, que, si de nuevo aquí volviere y ella pisare algún peñasco helado y frío, muy paso le digáis de esta manera: «A ti misma te pisas, ninfa bella, pues yo la yerba en mis riberas crío y matas tú quien honra a mi ribera».