- XI - Así las ninfas del Sebeto ameno, que envidia el Arno de su bien privado, alma real, que al más dichoso estado tienes de gozo y maravilla lleno, en algún verde, umbroso y fértil seno de flores te coronen, tal que el prado y el monte, entre las nubes levantado, tu nombren vean y al cielo más sereno. Que escuches, nueva aurora, el nuevo intento de mi zampoña rústica y subida do no consiente y llega su destino... y me de tu valor tan alto aliento que la beldad, al siglo tan crecida, vaya por mi volando al polo austrino.