- XXXVI - Sacrosanta, inmortal fuente que sales de Dios, de quien manaste eternamente, cuya lleneza es tal que, siendo fuente de Dios, el mismo Dios eres y vales; redentora verdad, que a los mortales -¡oh, bien dichoso aquel que bien te siente!- tu cuerpo das, velado en accidente de pan, restaurador de nuestros males. Señor, pues ya se encubre el mortal velo la luz que en alto ardor de fe se mira, que es proporción igual con tu gran llama -¡Oh, Palabra de Dios bajada al suelo!-, sube la mía do estás, tu luz inspira a quien por fe te busca, adora y ama.