- VIII - Si nunca, del umbroso y cavo seno saliendo con tu Flora mano a mano, Céfiro, viste en monte, en prado, en llano, gozar el campo de tu nombre lleno; desecha ya, por Dios, del mar Tirreno -si tus orejas hiere el son humano- un movimiento crudo y tan insano que el Noto levantó por caso ajeno; hincha las blancas velas, con las ondas menos hinchadas ya, del favorable y dulce soplo do mi bien consiste. Razón es, Santo Dios, que al fin respondas, pues mi plegaria, justa y miserable, contiene la razón que en ella viste.