- II - Mil veces digo, entre los brazos puesto de Galatea, que es más que el sol de hermosa. Luego ella, en dulce vista desdeñosa, me dice: «Tirsis mío, no digas esto» Yo lo quiero jurar y ella, de presto, tosa encendida de un color de rosa, con un beso me impide y, presurosa, busca atrapar mi boca con su gesto. Hágole blanda fuerza por soltarme y ella me aprieta más y dice luego: «No lo jures, mi bien, que yo te creo». Con esto, de tal fuerza a encadenarme viene que Amor, presente al dulce juego, hace suplir con obras mi deseo.