Soneto Perdido ando, señora, entre la gente, sin vos, sin mí, sin ser, sin Dios, sin vida; sin vos, porque no sois de mí servida; sin mí, porque no estoy con vos presente; sin ser, porque de vos estando ausente no hay cosa que del ser no me despida; sin Dios, porque mi alma a Dios olvida por contemplar en vos continuamente; sin vida, porque ya que haya vivido, cien mil veces morir mejor me fuera que no un dolor tan grave y tan extraño. ¡Qué preso yo por vos, por vos herido, y muerto yo por vos de esta manera, estéis tan descuidada de me daño!