Soneto Hierbas floridas, verdes, deleitosas, que con el blanco pie sois oprimidas de aquella que en su bulto recogidas tiene todas las gracias más preciosas. Dichosas sombras suaves y amorosas, tan gratas a la que roba mil vidas aire que del fino oro desparcidas las hebras traes revueltas con las rosas; claras y frescas fuentes cristalinas, que de bañar en vos sus blancas manos os quiso hacer mi Filis tanto dignas; cuando sintáis sus pasos soberanos direisle, si a mis ojos son benignas, que no me sean los suyos tan tiranos.