Soneto Déjame en paz, Amor: ya te di el fruto de mis más verdes y floridos años; y mis ojos ligeros a sus daños pagaron bien su desigual tributo. No quiero ahora yo con rostro enjuto, sano y libre cantar más desengaños; ni por alegres y agradables paños trocar tu triste y congojoso luto. En llanto y en dolor presto y cargado de tus antiguos hierros, la jornada quiero acabar de mi cansada vida; mas no me des, Amor, nuevo cuidado, ni pienses que podrá nueva herida romper la fe que nunca fue doblada.