- V - Partiendo de la luz, donde solía venir su luz, mis ojos han cegado: perdió también el corazón cuitado el precioso manjar de que vivía. El alma desecho la compañía del cuerpo, y fuese tras el rostro amado; así en mi triste ausencia ha siempre estado ciego y con hambre y sin el alma mía. Agora que al lugar, que el pensamiento nunca dexó, mis pasos presurosos después de mil trabajos me han traído, cobraron luz mis ojos tenebrosos y su pastura el corazón hambriento, pero no tornará el alma a su nido.