- VIII - Fiero dolor, que alegre alma y segura hacer pudieras triste y temerosa ¿cómo con mano larga y enojosa derramas sobre mí tanta dulzura? No siente otro descanso, ni procura mayor deleite el alma congojosa, que abrir la vena fértil y abundosa al llanto que me da mi desventura. Por ti le alcanza, que tu sombra encubre la causa de mis lágrimas apenas, confiada a mi mismo pensamiento. Mas sólo he de llorar las que van ellas del fuego que me abrasa, y se descubre que nacen de más áspero tormento.