- VI - Cuando me paro a contemplar la vida, y echo los ojos con mi pensamiento a ver los lasos miembros sin aliento, y la robusta edad enflaquecida, y aquella juventud rica y florida, cual llama de candela en presto viento batida con tan recio movimiento, que a pique estuvo ya de ser perdida, condeno de mi vida la tibieza y el grande desconcierto en que he andado que a tal peligro presto me tuvieron. Y con velocidad y ligereza determino de huir de aqueste estado, do mis continuas culpas me pusieron.