- XLIII - Luz que en el fuego vivo, en el tormento mayor que se haya visto entre mortales, ardéis mi corazón con ansias tales que en medio de su mal vive contento; si las partes que en vos escribo y siento a vuestro merecer no son iguales, excúseme con vos mis propios males, que embarazan el flaco entendimiento. Y si no puede haber cosa que sea igual a lo que sois, ¿cómo podría mostraros comparando al que no vea?, salvo pintando un bien la fantasía con la imaginación, cual lo desea y cual os pinta agora el alma mía.