- CXCV - Contra el influjo del contrario cielo que a nuestra voluntad cegar porfía, ha andado trabajando el alma mía por defenderla de amoroso velo. Y no bastando aquel divino celo con que me ha desviado y me desvía, pudo en el cuerpo más su fantasía, como en cosa compuesta acá en el suelo. No debe el alma ser reprehendida, pues libre sin lesión ninguna queda y sola la mortal parte ofendida. Ni basta aquella que nos vuelve en rueda, por ser elementada nuestra vida, que contra el cielo defenderla pueda.