- XIX - El dulce fruto en la cobarde mano y casi puesto a la hambrienta boca, de turbado lo suelta y no lo toca, vencido de un temor bajo, villano, Vandalio; y el Amor, fiero tirano, que al alma asombra con sospecha loca, mientras la vida deseando apoca, la hambre crece y crece el temor vano. En tanto, el caro fruto deseado de la vista al pastor desaparece, y ni comer se deja ni tocarse; cuando con un suspiro apasionado dijo: «Tal sea de aquél a quien se ofrece un bien de que no sabe aprovecharse.»