- V - «Como al pastor que en la ardiente hora estiva la verde sombra, el fresco aire agrada, y como a la sedienta su manada alegra alguna fuente de agua viva, así a mi árbol do se note o escriba mi nombre en la corteza delicada alegra, y ruego a Amor que sea guardada la planta porque el nombre eterno viva. Ni menos se deshace el hielo mío, Vandalio, ante tu ardor, cual suele nieve a la esfera del sol ser derretida.» Así decía Dórida en el río mirando su beldad, y el viento leve llevó la voz que apenas fue entendida.