- CCXXXV - A don Jerónimo de Urrea Ni la africana sierra excelsa y brava, ni las bárbaras armas, crudas, fieras, ni tu sangre esparcida en sus riberas, que el cielo de la honra derramaba, ni la furia cruel que trastornaba ante ti tantas naves y galeras, ni el viento que en el campo las banderas del fiero Marte a su pesar postraba, ni la gálida espada y torre fuerte, ni en Dura el duro asalto y duro hado, contra del cual no hay fuerza que resista, pudieron por más mal darte la muerte, Iberino pastor desventurado, y agora mueres de una dulce vista.