- CXXIV - Cosa es cierta, señora, y muy sabida, aunque el secreto de ella está encubierto, que lanza de sí sangre un cuerpo muerto si se pone a mirarlo el homicida. Así yo, aunque vivo, estoy sin vida siendo visto de vos, que me habéis muerto; con mi sangre mostré lo que más cierto mostráis vos con mostraros desabrida. Pero si no fue así, fue que corriendo la sangre al corazón para valerle, por saliros a ver erró el camino; salvo si no fue el alma, que sintiendo su agravio, así ante vos quiso ponerle con señal tan costoso y tan divino.