- XIV - Sin poderse alegrar de cosa alguna, de envidia, de ira y rabia ardiendo el pecho, mirando la ocasión de su despecho, en brazos de Endimión decía la Luna: «¡Ah, dichosa Amarílida!, fortuna que el más fiel pastor siervo te ha hecho te asegura del mal, de quien sospecho que si no tú, escapar puede ninguna. Tú sola vivirás leda y contenta, de aquel disimular de amor segura, que en los hombres sin fe se anida y sella.» Endimión, que oyendo esto se afrenta, responde así: «Hizo igual ventura a la fe del pastor, la beldad de ella.»