- CCXXXIX - A don Pedro de Sosa Señor, si vuestro andar continuo errando por provincias remotas muy extrañas, si atravesar la mar, bosques, montañas, nuevas costumbres y hábitos mirando, pudiesen el ardor ir mitigando que os convierte en ceniza las entrañas, si los males de amor, iras y sañas, pudiesen aliviarse caminando, no sólo sería poco un tal camino, mas cuando Alcide anduvo en su conquista debéis andar para hallar un medio. Pero, pues tanto bien niega el destino, tornad, señor, a ver la amada vista, que donde nace el mal nace el remedio.