- LXXV - Ved si el Amor, señora, es cauteloso, ved qué desigualdad guarda en sus fueros, que mi daño mayor nace de veros y de no os ver un mal más peligroso. Mirándoos, siento el alma en un rabioso deseo que jamás puedo moveros; no viéndoos aquella ansia de quereros me hace el desear más trabajoso; no viéndoos, se enflaquece el sufrimiento; en viéndoos, me desmayo y acobardo y a los pies del dolor queda el sentido. Ved, pues, si es nueva suerte de tormento: que el peligro mayor de que me guardo es el bien que con más congoja pido.