- XXXV - Por repararse de una gran tormenta con que el cielo una noche amenazaba, debajo de un alto olmo suspiraba temeroso Vandalio en tal afrenta. No que con las ovejas tenga cuenta, ni el temor de los lobos recelaba; antes un ruiseñor que allí cantaba, la historia de su mal le representa. Piadoso, (a) la avecilla enamorada dijo: «¿Qué así te afliges y cantando muestras la tempestad tener en nada? ¿Qué haremos los dos, pues que llorando, nuestro triste cantar tan poco agrada?» «¿Qué -dijo el ruiseñor- Morir amando.»