- CXCII - Ya mis males se van casi acabando, ya su fuerza por tierra está tendida, ya no puede durar tan triste vida, ya el manjar principal me va faltando; ya voy tras de mi muerte rastreando, ya el incierto esperar va de caída, ya siento el fin de esta última partida, ya el alma se va toda alborozando; ya no hay por qué pensar en lo pasado, ya no hay por qué llorar el mal presente, ya no me da el que ha de venir cuidado; ya no hay en mi morir inconveniente; mas, ¡ay, qué sí!, que el cielo al desdichado, por mayor mal, morir no le consiente.