- CLXXXV - Tan alta al desear hallo la vía, tanto peligro en ella yo comprendo, que ni contrasto ya, ni me defiendo, rendido a la cruel señora mía. Mas, si bien siento, el fin de mi porfía es irme poco a poco deshaciendo, y que lo que me está mejor, entiendo. No se verá mudar mi fantasía; no se dirá jamás que de inconstante no osé seguir tan gloriosa empresa, ni que me puso algún temor la pena. Tan ufana está el alma en verse presa, que si a limar probase la cadena, hallará que es del más duro diamante.