-CII- Por vos ardí, señora, y por vos ardo, y arder por vos mientras viviere espero, o contraste el deseo el hado fiero, o sea favorable al bien que aguardo. Tan a lo vivo ha penetrado el dardo de Amor, que cuando menos bien os quiero, por vos deseo morir, y por vos muero, y por vos sola de morir me guardo. Vos el primer ardor fuisteis al alma, vos último seréis en la última hora; y creed a mi fe lo que os promete. Bien podrá de mi muerte haber la palma, mas después se verá, cual es ahora, pasar el fuego mío de allá de Lete.