- CXIII - Al tiempo que Leandro vio la estrella, dulce farol del alma suya y muerte, que Hero puesto había por la suerte para él tan desdichada y para ella, el pecho puso al agua, que era vella espanto, en su tormenta tanto fuerte. «No quieras -dice-, ¡oh mar!, embravecerte. Aplaca, ¡oh dios Neptuno!, el furor de ella.» Mas poco rato va su luz siguiendo, y siempre con las olas peleando, alzó su flaca voz, triste, muriendo. «¡Oh Hero y alma mía! -iba diciendo-, no canses tu deseo, y desperando, despídome de ti, para ti yendo.»