- CXVIII - Como está el alma a nuestra carne unida, en los miembros las partes igualmente, y como cada miembro el alma siente entera en sí y en todos repartida, y como si una parte es dividida del cuerpo por algún inconveniente, el alma queda entera y tan potente cual siempre, sin que pueda ser partida, así el amor en mí no se acrecienta por más favor, ni cuanto más padece el triste corazón muda el estado. Muéstrase amor en mí como tormenta de mar, que cuando más con furia crece, su término, no pasa limitado.