- CXIV - Con aquel recelar que amor nos muestra, mezclado el desear con gran cuidado, viendo soberbio el mar, el cielo airado, Hero estaba esperando a la fenestra; cuando fortuna, que hacer siniestra quiso la fin de un bien tan deseado, al pie de la alta torre, y ahogado, del mísero Leandro el cuerpo adiestra. Ciega, pues, del dolor extraño, esquivo, de la fenestra con furor se lanza sobre Leandro, en el caer diciendo: «Pues a mis brazos que llegase vivo no quiso el hado, ¡oh sola mi esperanza!, espera, que a do vas te voy siguiendo.»