- CI - Sigue a la oscura noche el claro día, y aquella oscuridad que el aire hace, el sol la aclara toda y la deshace, y la sombra y temor de sí desvía. Así de mi verdad, señora mía, el sol que alguna vez mirar os place, aclara, justifica y satisface la oscuridad que mala lengua envía. Desterrad, pues, por Dios, aquella sombra que el aire os ocupó claro y sereno, para que el sol de la verdad se vea. Y entonces, si de mí cosa os asombra, veréis de un tal amor mi pecho lleno, tan claro que no hay sol que más lo sea.