- CLXXXIII - ¡Ay, falso burlador, sabroso sueño, malamente traidor, me has ofendido! ¡Ay, nunca hubiera yo jamás dormido o nunca se acabara tu beleño! La saña injusta y el turbado ceño me mostraste en amor ya convertido, y en llegándome al vivo del sentido el mal, me huyó el bien como su dueño. ¿Para qué fue, traidor, aquel mostrarme tan llena de piedad a mi señora y tan de su crueldad arrepentida? Dejárasme así estar sin engañarme, o fuera un sueño tal, no por un hora, mas lo poco que queda de mi vida.