- XCII - El cielo de sus altos pensamientos con las alas de amor ledo subía Vandalio, y ni el peligro lo desvía ni le ponen temor mil escarmientos. Las nubes deja atrás, deja los vientos, vencidos del valor de su osadía, cuando de las palabras que decía al sol, suenan acá tales acentos: «Si fue temeridad, ojos del cielo, osar tan sin valor volar tan alto, sabiendo de Faetón el caso fiero, consentidme una vez que sin recelo mire vuestra beldad; después si el salto viniera a ser mortal, mortal lo quiero.»