- CCXXVI - Al sepulcro de Diego de Esquivel El despojo mortal yace aquí solo, la beata alma es ya tornada al cielo, del pastor Esquivel, que fue en el suelo un émulo de Orfeo, un nuevo Apolo. Rabiosa muerte de entre nos llevólo; inmortal fama con piadoso celo haga su virtud, tendido el vuelo, se manifieste al uno y otro polo. Mirad pues, ninfas, musas y pastores no haya flor en Parnaso, ni Helicona destile humor que el lauro os tenga verde. Y pues fue en el cantar de sus amores el que puso más alta sus corona, Amor lo llore, que es el que más pierde.