- CCXXXIII - A la princesa de Molfeta Como el que de escorpión fue ya mordido, si de allí en algún tiempo se le acuerda, se altera, se demuda y desacuerda y pierde la color y aun el sentido, mi alma que improviso acaso vido la beldad que a mi mal tan mal concuerda, hizo que la color del rostro pierda la memoria de haber sido ofendido. No fue flaqueza, no, ni son amores: la injuria al corazón ha salteado y dio de justa cólera testigo. No hace al caso, no, mudar colores, señora, porque un hombre demudado acomete mejor a su enemigo.